
"Algún día será verano y cantarán las chicharras de a cuatro", decía un artista de mi pueblo, caratulado artista por el tan simple pero destacable hecho de chiflar mientras bailaba. El arte tan simple al ojo pavo carecía de proceder azaroso y por mucho libre albedrío que se le otorgue al relator de esta historia, un claro argumento esconde detrás.
Mientras la orquesta tocaba en una punta un paso doble rabioso, bailaba en la otra el Hugo, chiflando para nada bajito alguna cumbia o chamamé, y el público cambiaba el tranco en plena luna menguante.
Ancestro de los modernos floggers que escuchan su propia música encorchada mientras suena en la disco algún fulano, el Tito o Hugo para la madre, chiflaba la milonga y marcaba el paso.
¿Que dirían si lo vieran la cumbio y compañía?